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Aproximadamente cada diez años una obra sorprende por su originalidad. Suelen estar incomprendidas en su época. Por ello, no creo que haya nadie preparado para lo que se muestra a continuación y me siento en la obligación de prevenirles porque a partir de este momento verán las cosas con otros ojos. Se trata de la animación más sofisticada, elaborada y original que se haya hecho nunca. La razón de que no haya sido nominado a grandes premios y ganados todos ellos es su carácter sanguinolento y violento. Mención aparte de los actores de doblaje, unos auténticos profesionales cuya gracia y encanto personal se encuentra perfectamente aderezado y completado con unas fantásticas risas enlatadas. Del sofisticado argumento no diré nada porque habla por si solo pero les aseguro que removerá el imaginario colectivo de más de una generación. Si creen estar preparados pinchen en el enlace que viene a continuación. Espero que sobrevivan:

H vs V: la mejor animación de todos los tiempos

Secreto ibérico

Chorradasgraficasfacilonasconpaintenunminuto presentan:

Esto está muuuy güeno.

No se lo digan a ningún vegetariano isleño que no quiera saberlo.

Abucheos:

Banksy en las calles

 

 

 

 

 

  

El autor de estos graffitis es conocido como Banksy, pero su identidad permanece secreta. Se dice de él que es de Bristol, Inglaterra, y que ha logrado colar algunas obras suyas en museos de todo el mundo: el MOMA, la Tate Gallery de Londres… Y con colar me refiero a exactamente eso, introducirlas por la cara y dejarlas a la vista del público, sin permiso. Se dice también que boicoteó una tirada del disco de Paris Hilton en una tienda, retocando las imágenes y cambiando el CD por uno de él.

Las obras de Banksy, localizadas principalmente en el Reino Unido, ya están dando la vuelta al mundo. Un ejemplo de ello son las pinturas que este hombre ha hecho en el muro de Gaza:

 

 

 

Es Banksy, un tipo a tener en cuenta.

¿Qué es un caballero?

 

  

“Un caballero es un hombre que sabe tocar el acordeón pero no lo hace”

TOM WAITS

Un verano en el cine

Toda mi vida he querido ir a un cine de verano. Los he amado siempre, sin conocerlos personalmente, a través de las pantallas de otros cines más protegidos del mundo exterior, que nos enseñaban que había por ahí unos lugares semi-mágicos donde podías ver una película bajo un puñado de estrellas. En EE.UU., incluso, podías verla desde el coche abrazado a tu chica, pero debías llevar tupé y cazadora. Lejos de allí, en Ubrique, detrás de la casa de mi abuelo, había un cine de verano. Mi madre y mis tías iban a menudo. Allí vieron Dumbo, por ejemplo. 

Pero al nacer yo, aquello se llenó de coches sin parejas, y la pantalla se vació de imágenes. Hoy es un garaje.

 

 

Los cines de verano nunca han estado ahí para mí, o yo no he sabido encontrarlos. Hasta el otro día. Después de 4 años fuera, en Madrid, fui por primera vez a uno de estos lugares que hacen buenas a las películas mediocres, y hacen más llevadera la infamia de las peores. Al principio, la película era para mí lo de menos. El hecho de encontrarme al aire libre, delante de una gran pantalla, oyendo cómo la película recorría el proyector a duras penas y sintiendo el murmullo de la ciudad a mi espalda, era motivo más que suficiente de gozo. Pero resulta que la película se prestaba al momento:

 

La Novia de Frankenstein es la continuación de Frankenstein, película que ya comentó en su momento mi colega luisdefran en este espacio. Ambas están dirigidas por uno de los grandes pioneros del cine de terror de todos los tiempos, homosexual reconocido, espíritu atormentado, poeta del miedo: James Whale. Si la primera película del monstruo ideado por Mary Shelley es de 1931, esta segunda parte data de 1935, año más alejado del final de la etapa muda, lo cual le vino muy bien. Digo esto porque si bien la primera película arrastraba ciertos dejes propios del cine mudo que no le sentaban demasiado bien, en esta segunda el lenguaje sonoro se encuentra más afianzado y hace avanzar a la película con más suavidad.

 

 

Se trata de una gran segunda parte, que para mí no llega a superar a la primera ni mucho menos, pero que sigue estudiando con detenimiento las consecuencias de “jugar a ser Dios” y que nos muestra una cara un poco más amable del monstruo, que como todo ser vivo tiene sus necesidades y ansía mojar la polla garganta con un buen vaso de vino y luego secarla de nuevo con un cigarrazo humeante. De hecho, tal es el placer hacia la buena vida que termina sintiendo el bicho, que la película acaba con una genial frase que resume su postura vital a la perfección:

“Cariño, traéme un cigarro… ¡pero encendío!” 

Hace mucho que no escribo nada por aquí, pero ahora que vuelvo a tener algo de tiempo y ganas me gustaría hablaros un poco de la peli que vi anoche en el cine. Se llama como pone arriba y su cartel es tan chulo como su nombre:

Hacía mucho que quería ir a verla, pero hasta anoche no encontré el momento oportuno para hacerlo. Todo el mundo hablaba muy bien de ella, y joder, no me defraudó en absoluto. La dirige Sidney Lumet, un veterano director de 84 añazos que empezó a hacer pelis a finales de los 50, previo paso por la TV. No en vano, a él y a otros directores de su época como Arthur Penn, Robert Mulligan o John Frankenheimer se les conoce como ‘La generación de la televisión’, por ser ese el medio donde se curtieron a base de bien.  El debut en el cine de Sidney Lumet fue un peliculón de tomo y lomo llamado Doce hombres sin piedad, que recomiendo a quien no la haya visto. Eso ocurrió en 1957. En el 2008 este hombre ha vuelto a parir otra gran película, que es la que nos ocupa (y entre medias más, claro está, pero no voy a hacer un repaso de su carrera ahora).

No quiero contar demasido de la película porque fui a verla sabiendo lo principal de ella y su negrísimo discurso perdió un poco la capacidad de sorprenderme. Aún así, la historia me dejó sin habla. Hacía tiempo que no veía una película en la que la historia (lo que se cuenta) y el discurso (cómo se cuenta) se necesitaran tanto y se alimentaran mutuamente tan bien. Y es que muchas veces ocurre que hay un buen material de partida pero no se sabe contar de la manera correcta, o al revés: lo que se presenta como algo vistoso y bien empaquetado, no oculta sino un gran vacío. Esta película, en cambio, está llena de codicia, engaños, traiciones, falsas apariencias, lealtades rotas y pisoteadas… de alegría de vivir, vamos. Y está contada con el nervio y la mala leche del mismísimo diablo, que en este caso sabe más por viejo.

Para contar una historia potente, hace falta un mecanismo igualmente poderoso. Y tanto la estructura del guión, como la planificación de escenas (encuadres, tomas, movimientos…) o la dirección de actores de Lumet son acojonantes. También es normal que esto sea así si llevas 50 años haciendo películas, pero no quedarte anquilosado, saber renovarte sin perder la esencia o ser moderno sin olvidar qué ha sido y qué es el cine, tiene un meritazo de cojones. Con esta película me pasó algo parecido a cuando vi No Country for old men, la peli de los Coen con Bardem, donde asistí a una clase magistral de cine casi sin enterarme. Cuando asimilas lo que has visto es cuando te das cuenta de que la cámara estaba en cada momento donde debía estar, y que se movía cuando se debía mover, porque de otra forma ya nada sería lo mismo.

El tema actoral también es de sobresaliente, con un Philip Seymour Hoffman que asusta, un Ethan Hawke algo eclipsado por el primero pero muy bien en su papel también, y el viejo Albert Finney, que siempre que lo veo en alguna peli se sale del pellejo y aquí no falla. Ah, y Marisa Tomei, la mujer entre los hombres, que cada vez está más rica.

Por todo lo anterior, amigos, id a verla al cine o bajáosla del emule, pero si es en V.O. mejor. 

P.D: Os amo.

El veranete ya está aquí, sudamos como cerdosespines y merece la pena gritar fuerte por un helaito:

Este video pertenece a un recomendabílisimo peliculón llamado Down by law y está dedicado al mayor fan de Jarmusch que existe en la faz del Hoyo: kikeonu.