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Archive for the ‘Lecturas’ Category

En muy rara ocasión el consumidor habitual de pornografía se detiene a pensar en cuál es el origen de este género cinematográfico, cualés son los mecanismos psicológicos que operan cuando se disfruta, y cuál es la naturaleza textual de sus imágenes. Preso de la urgencia fisiológica que le ha llevado a deleitarse con imágenes pornográficas, el interés de este espectador por las mismas se limita al posible alivio que puedan proporcionar a sus tensiones libidinales. No siendo distinto mi caso, encontré sin embargo un texto que  (entre los muchos problemas que abordaba) trataba con una mínima profundidad las cuestiones anteriores, y que por su interés voy a transcribir a modo de apuntes para una reflexión sobre el cine X. El texto en cuestión es Patologías de la imagen (Anagrama, 2004), de Roman Gubern, libro que recomiendo a todo aquel interesado por una historia de la perversiones visuales asociadas ya sea al poder o a los agentes subversivos del mismo.

Imágenes problemáticas. Problemática de las imágenes.

Imágenes problemáticas. Problemática de las imágenes.

Orígenes del cine X.

Si bien se mira, el cine pornográfico fue fruto de una lógica rigurosa para la economía del deseo del espectador cinematográfico. La censura obligó a que, tras las escenas amorosas que culminaban con un beso apasionado de los actores de las películas corrientes, un fundido en negro frustrase las espectativas del espectador, cautivado por las vivencias de sus protagonistas y deseoso de ver lo que ocurría tras ese beso apasionado. De este modo se introdujo en la retórica del cine un sistema de elipsis y de metáforas para figurar el acto sexual sin que se viese, tales como olas del mar rompiendo con furia las rocas, o fuego chisporroteando en una chimenea […] Estas omisiones censoras […] constituían una perversión enunciativa, ya que el alto interés emocional de la escena para el público era lo que precisamente provocaba su omisión […]

Estas omisiones pasionales, reconvertidas en elipsis o en figuras poético-censoras, creaban en realidad en el texto visual un vacío saturado de deseabilidad y de sentido, […] que sustraía al público su objeto de deseo escópico. […] Por eso no debe de extrañar que algún cine de La Habana, durante la dictadura “libertina” del presidente Batista, intercalase insertos pornográficos en las películas americanas tras las escenas de amor de sus protagonistas. Kenneth Anger relata haber presenciado tal manipulación en Tierra de pasión (1932), de Victor Fleming y con Clark Gable y Jean Harlow, en una proyección en el Cine Shangai.

Un posible diptico aberrante de La Habana pre-castrista.

Un posible díptico aberrante en La Habana pre-castrista.

Naturaleza de la imagen pornográfica.

En contra de lo generalmente sobreentendido, el cine pornográfico es fundamentalmente un género documental […] aunque se le añadan usualmente unos breves e irrelevantes insertos de ficción narrativa. […] Una erección o una eyaculación no son actos de interpretación dramática, sino actos reflejos […] Y precisamente el reproche estético principal que se ha esgrimido contra este género se halla en su contradicción flagrante entre su hiperrealismo fisiológico, pródigo en primeros planos detallistas, y su atroz falsedad psicológica, pues los personajes acostumbran a ser monigotes de carne, meros estereotipos unidimensionales desprovistos de motivaciones coherentes y convincentes. Aunque la falsedad acaba por configurar la utopía de un mundo de placer corporal inextinguible […].

hipertrofia del signo en sus manifestaciones.

El rostro desnudo: hipertrofia de los signos en sus manifestaciones.

De acuerdo con su lógica exhibicionista, los dos focos de interés prioritario del cine pornográfico se hallan en los genitales en acción y en el rostro, ambos asociados en una relación de causa efecto. De manera que los genitales en acción se convierten en la causa mecánica de la expresión facial dislocada, visualización de su efecto emocional o dela vivencia suscitada por aquella acción. […] El rostro es la parte más desprotegida del cuerpo, y por ello la más susceptible de convertirse en una superficie obscena, ya que desvela sus más íontimas vivencias, sean de dolor o de placer: a nadie le gusta que le miren a la cara cuando llora, pero tampoco cuando tiene un orgasmo, La obcenidad suprema no está en los genitales, como pretende la tradición puritana , sino en el rostro, en su condición de sede de la expresión de las emociones más íntimas, delatadas incluso conra la voluntad del sujeto. Por eso en el cine pornográfico puede afirmarse que el rostro está más desnudo y desprotegido que el cuerpo.”

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Pienso que al leer novelas (al igual que al ver películas, al oír discos, etc.), los factores ambientales que rodean la actividad son realmente fuertes en cuanto a la intensidad con que éstas sean experimentadas, al igual que los factores anímicos con los que nos encontremos a la hora de realizar dicha actividad; quiero decir que, entre otras cosas, influye bastante el estado de ánimo y las circunstancias en las que sea realizada para que gusten / emocionen / se disfruten o disgusten / aburran / se odien tales novelas (o películas, discos, etc.).

En cuanto a los factores ambientales creo que coincidiremos en que no es lo mismo, por poner el ejemplo, disfrutar de una película con la calidad que proporciona una sala de proyección (especialmente concebida para ello) que verla en una pantalla de ordenador (que, por otra parte, también tiene ventajas como permitirte elegir el momento de verla, poder interrumpirla, proporcionarte la intimidad o soledad necesaria, etc.), también cambia la percepción la cantidad y gustos particulares de las personas con las que las vemos, así como el estado personal de éstas como compañeras de visionado (por ejemplo, en ocasiones, ver una película con alguien con un exceso de predisposición puede provocar rechazo o, por el contrario, atracción hacia la película, o pueden contagiarte el sueño mediante bostezos (idem tú a ellos); incluso una multitud estrepitosa puede convertir terror en comedia). Puede que no sean mejores una opciones que otras (para gustos…ya se sabe), simplemente hacen percibir y/o sentir de distinta forma la obra visualizada y/u oída. Lo mismo sucede con la música, y como casos más opuestos se me vienen a la mente la notable diferencia que existe entre disfrutar de un concierto en directo y escucharse un buen disco en la soledad y oscuridad más absoluta.

También sucede que muchas de las obras han sido concebidas por parte de sus creadores para ser experimentadas en condiciones concretas. De esta forma, podemos encontrarnos películas para ver en pareja (nada recomendables), los recién citados discos para oír en soledad, música para multitudes alborotadas, revistas para entretener las evacuaciones fisiológicas (me refiero a cagar leyendo el jueves o el país semanal por ejemplo), u obras artísticas carne de museos. El problema es que en la mayoría de las ocasiones sucede que no se sabe si has elegido el contexto adecuado hasta que estás ya en ello.

El factor anímico es aún más radical ya que la mayoría de las ocasiones se enfrenta directamente con la obra experimentada. Este factor es, si cabe, menos controlable que el ambiental, ya que a veces no caemos en el estado de éste e ignoramos lo que nos depara la obra que estamos a punto de experimentar. En ocasiones, siendo conscientes de lo primero y previniendo lo segundo, podemos elegir el momento más idóneo para enfretarlos pero otras ni eso. Supongo que para eso sirven las etiquetas y las clasificaciones, para que sin saber realmente de que va la historia tener una idea de lo que nos podemos encontrar por similitud con otras que ya conocemos y, de esta forma no nos coja desprevenidos y no choquen radicalmente el estado personal con las sensaciones que se pretende proporcionarnos (aunque particularmente creo que la gracia es que sí que choquen).

Con las novelas, entre otras circunstancias tenemos el ritmo de lectura. Así, podemos optar, y normalmente lo hacemos según el tipo de lectura, ganas y tiempo disponible para ello, desde meternos el atracón de leer y bebernos en poco tiempo el libro que nos traemos entre manos (como suele ocurrir inevitablemente con los best-sellers y la comida ligera) hasta leer un par de páginas diarias antes de dormir.

Bueno, ya se que no he descubierto nada nuevo pero todo esto se me viene a la mente pensando en lo que disfruté con última novela que he leído: Los girasoles Ciegos, de Alberto Méndez. De lo mucho que empezó a gustarme desde el principio, siguiendo con el símil gastronómico, quise saborearla y digerirla bien, sin engullirla de golpe, y, por supuesto, no me arrepiento, ya que rápidamente me di cuenta del contexto y ritmo que debía darle a la lectura del libro para la buena digestión de la que hablo: nocturna y lentamente. Éste se encuentra dividido en cuatro tremendamente tristes historias contextualizadas en la posguerra española. Cada una de estas historias es una derrota ocurrida en un año muy concreto, consecutivamente del 39 al 42 y dudo que puedan dejar indiferente a nadie pero es difícil explicar las sensaciones que me producían… ¿alguna vez has sentido cómo se te anudaba la garganta mientras leías? Esa sensación de azogue es la que experimentaba, de forma que el nudo se iba apretado conforme iba finalizando cada una. Además de la innegable calidad de la novela en todos sus aspectos, se ha juntado todo aquello de lo que hablaba para que me marque: el estado de ánimo y contexto del que he hablado, digiriéndola de forma convencional: antes de dormir y en pequeñas dosis. No obstante, con lo que más he disfrutado y que destacaría por encima de todo es la forma en que la novela en conjunto es narrada, con un lenguaje muy poético y un estilo depuradísimo (no como este escrito).

Más o menos esas han sido mis circunstancias e impresiones de lectura de “Los girasoles ciegos”. En otoño se estrena la película inspirada en la novela que ha dirigido José Luis Cuerda, por lo que creo que es mejor leer el libro antes de que nos pongan caras a los personajes, aunque ya apareció una pequeña muestra del reparto en el telediario,y en mi opinión los actores (Maribel Verdú y Javier Cámara entre otros) que representarían a los personajes no pintaban nada bien de acuerdo a como yo los imaginaba. La adaptación del guión ha sido el último trabajo del recientemente fallecido Rafael Azcona, guionista de obras maestras como el Verdugo, aunque en esta ocasión no tengo ni idea de lo que puede suceder; quien sabe, podría salir una maravilla o un desastre absoluto. Pese a todo, tengo esperanzas de que al menos una de las historias (la segunda derrota con título “Manuscrito encontrado en el olvido”) no haya sido tocada en la película porque es muy especial y me parece inconcebible en el lenguaje del cine.

De esta forma, recomiendo su lectura así como la elección del momento idóneo, como con todo.

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Un detective sin nombre se empeña en limpiar una ciudad de mierda, Personville (o “Poisonville”). 

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Gángsters, putas, boxeadores, matones de tres al cuarto, policías corruptos, alcohol de contrabando en garitos ocultos, la femme fatale, el enemigo incansable, el hijodeputa, el menos hijodeputa, una réplica inteligente que se escapa con el humo de un cigarro.

Todo esto y mucho más sale en la novela que os recomiendo. Dashiell Hammett fue uno de los cabrones que inventó la novela negra, junto a autores como Raymond Chandler o Jim Thompson (que también escribió algún guión para Kubrick). Se sabe que la novela negra es un género genuinamente americano, como lo son las pelis de vaqueros. Surgió entre los años 20 y 30 del siglo pasado debido a muchas cosas. Que si la crisis del 29, la falta de empleo, el aumento de la delincuencia, la Ley Seca y todos los que se la pasaban por el forro… Vamos, que la vida era en blanco y negro, como una peli de Howard Hawks o John Huston.

Atención al dato: esta novela ha sido llevada al cine muchas veces, pero nunca se ha llamado “Cosecha Roja” ni se ha adaptado al pie de la letra. Se trata de: “Yojimbo“, de Kurosawa; “Por un Puñado de Dólares“, de Sergio Leone (que se fija más en Kurosawa que en Hammett); “El Último Hombre“, de Walter Hill con Bruce Willis; y por último, aunque es una mezcla de varias novelas y de otras muchas cosas, la grandiosa película de los Hermanos CoenMuerte entre las flores“.

Así que, si no conocíais al bueno de Dashiell, yo os lo presento y os recomiendo que leáis algo de él. No sé si os fascinarán tanto este tipo de historias y de personajes como a mí, pero os digo de verdad que esta es una novela muy potente y que lo pasareis genial leyéndola.

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Man on Berlín

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El siguiente escrito me lo ha enviado mi gran amigo Ivillarte, al que muchos de ustedes conocéis, una auténtica cabeza pensante. Yo tenía interés en la participación de Ivillarte, que se encuentra en Berlín buscándose las habichuelas porque es un aventurero por naturaleza, así que le animé a ello, que escribiese sobre lo que le diera la gana ya que tenemos confianza y además tiene aficiones comunes con los que hacemos esto y le encanta escribir. Como no le hacen excesivamente gracia los temas informáticos hemos pensado que, de momento, para que no se tenga que empringar mucho, lo que quiera publicar me lo enviará y yo lo pondré aquí en su nombre y quizás más adelante publique él por su cuenta. Me ha comentado que lo que viene a continuación lo escribió el otro día en el Tiergarten junto a un laguito con patitos, vamos, en armonía con la naturaleza y con serenidad, pero pensando en incluirlo aquí. En fin, aquí tenéis, yo creo que no tiene desperdicio:

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Me he propuesto participar en vuestro, pronto y ya estupendo, famoso blog. Me declino a hacer una pequeña observación sobre una de las grandes obras maestras que, a mi parecer, ha dado la filmografía (la historia del cine), a saber, “Man on the Moon” de Milos Forman.
Cavilando un poco sobre esta monumental obra, aprecié que trata un tema que desde siempre ha preocupado y no menos que inquietado al ser humano en todas sus épocas, convirtiéndolo en cuestión capital de primer orden.
Esta temática a la que me refiero es, la Inmortalidad del alma, la Eternidad, en una palabra. Y es que hay mayor objetivo en la vida del ser humano que este de hacerse eterno, infinito. El hombre aspira a ello desde siempre, todo lo que hace lleva esta intención, instinto primitivo de hacerse recordar, hacerse nombrar a lo largo de la Historia de la vida. Cuando tenemos un hijo/a lo que queremos y hacemos es prolongarnos nosotros mismos, ansiamos a través de ellos alargar nuestra vida, que anden el camino que nosotros hemos andado, que lo amplíen e intenten que nuestro nombre, nosotros, sea recordado por muchos años aun después de nuestra desaparición física, en definitiva, que sean ellos nuestros representantes aquí en la vida. Así nos hacemos eternos. Hasta aquí la concepción de Eternidad hasta ahora tenida por el hombre que, a mi parecer, es muy parca en relación con la expuesta por el maestro Forman.
La particularidad y por tanto riqueza de la película de Milos, es que aparte de este deseo temporal de Infinitud existencial, ésta busca y encuentra el desdoblamiento en esta vida, consigue a la vez el deseo espacial de Libertad, para que con ello ni la muerte física pueda alcanzarnos. El tiempo y el espacio que nos hacen perecer a los mortales aquí se ven amenazados, y mas que eso, por la inmortalidad y grandeza del hombre. El personaje (Andy Kaufman representado por Jim Carrey que se sale) no quiere que esa Eternidad le venga póstumamente, el desea ser omnipresente, infinito, ahora y aquí, en esta vida, para que así su legado, su libertad, se transmita no a través de sus vástagos, sino a través de él mismo. Este anhelo que siente Kaufman, representante de toda la Humanidad, de vivir por y para siempre, hace de la imaginación su arma, el arma mas letal que tiene el hombre, y es a fuerza de ejercitar este instrumento valiosísimo que consigue lo extraordinario, lo increíble, a saber, consigue duplicarse, multiplicarse, vivir vidas paralelas, yuxtapuestas, para así llegar a igualarse a Dios, y con ello poder ayudar al abandonado ser humano a descansar de esa búsqueda y lucha constante para hacerse inmortal que a lo largo de los tiempos a atormentado al ser, haciéndolo de una vez por todas libre.

Ivillarte

¿Os ha gustado? A mi muchísimo, y también me apasiona la peli, la cual, si os habeis fijado, se encuentra en el listado de Películas que hay que ver por cojones en VO. Yo, de momento, no me voy a meter en el berenjenal del tema de la eternidad, pero voy a aprovechar, porque creo que viene al caso, para subir aquí un interesantísimo y profundísimo texto de unas 12 o 13 páginas, que me enviaron hace ya algún tiempo. Es de Josep Mª Fericgla y pertenece a unas conferencias sobre “El instante eterno”. Si os interesa, aquí os lo podeis descargar:

No-creeemos-lo-que-vemos-si-no-que-vemos-lo-que-creemos.pdf

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Hace días que tengo ganas de escribir sobre un libro muy curioso que me regalaron donde trabajo. Me lo dio su autor en persona, y la cosa merece una mención especial. Se trata de un libro sobre presas y obras hidráulicas en los billetes y monedas del mundo. Ahí es nada. El libro trata realmente sobre eso, sobre la representación de diferentes obras hidráulicas en billetes y monedas de todo el mundo y de todas las épocas. Es alucinante. 

Está estructurado por continentes y países, desde la antigua Roma hasta Angola, por citar algún  ejemplo. Y por supuesto, cada explicación está acompañada de las correspondientes imágenes de monedas y billetes con la presa o el acueducto de turno grabado en ellos. Pero la cosa no queda ahí, pues el libro está escrito en tres idiomas: inglés, francés y español. Para que el mundo entero se entere de que las presas y demás obras hidráulicas han ocupado un lugar tan o más importante que los reyes o presidentes de gobierno que pululan y han pululado por las monedas y billetes terrestres. Está además el tema del tamaño, pues es un libro contundente, grande y pesado. En fin, que todo lo que hay en él y lo que lo rodea lo hace especial. Eso sí, dudo que me lo lea entero algún día, pues el tema no me entusiasma tanto como al autor… Pero que sirvan estas líneas para transmitir el mensaje que deseo:

Al igual que este hombre, aficionado a la numismática y de profesión ingeniero de caminos, que ha unido con tanta dedicación estos dos temas que le apasionan, hay mucha otra gente que hace lo propio con aquello que le gusta. A él y a ellos va dedicado este post… ¡ole los cojones de la gente apasionada por lo suyo!

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GAS

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Gas es el título de un pequeño cuento escrito por Alfred Hitchcock cuando aún no tenía ni 20 años. Se publicó en la revista corporativa de la empresa en la que trabajaba por aquel entonces, la Henley Telegraph and Cable Company. Lo he leído en su biografía, y como me ha parecido muy curioso, quería compartirlo aquí con vosotros. Ahí va: 

Ella nunca había estado antes en aquella parte de París… sólo había leído acerca de ella en las novelas de Duvain, o la había visto en el Grand Guignol. ¿Así que esto era Montmartre? Ese horror donde el peligro acechaba a cubierto de la noche; donde las almas inocentes perecían sin ninguna advertencia… donde el destino se enfrentaba a los descuidados… donde moraban los Apaches.

Avanzó con cautela en las sombras de la alta pared, mirando furtivamente hacia atrás en busca de la oculta amenaza que podía estar siguiendo sus pasos. Repentinamente se metió en un callejón, sin apenas prestar atención a dónde conducía… tanteando su camino en la oscuridad de tinta, con el único pensamiento de eludir a su perseguidor firmemente clavado en su mente… siguió adelante… ¡Oh!, ¿dónde acabaría?… Luego una puerta iluminada desde su interior apareció ante sus ojos… Ahí dentro, no importa dónde me conduzca… a cualquier lugar, pensó.

La puerta estaba al final de un tramo de escaleras… escaleras que crujieron de vejez mientras ella las descendía lentamente… entonces oyó el sonido de una risa ebria y se estremeció… seguramente era ¡esto! ¡No, no esto! ¡Cualquier cosa menos esto! Llegó al final de las escaleras y vio un hediondo bar, con lo que en un tiempo habían sido hombres y mujeres dedicándose a una orgía alcohólica… y entonces la divisaron, una visión de aterrada pureza. Media docena de hombres se lanzaron hacia ella entre los gritos de ánimo de los demás. Fue agarrada. Lanzó un grito aterrorizado… hubiera sido mejor que la atrapara su perseguidor, pensó vagamente mientras era brutalmente arrastrada cruzando la estancia. Los hampones no perdieron tiempo en decidir su destino. Se repartirían sus pertenencias… y ella… Bien, ¿no era aquél el corazón de Montmartre? Se encargarían de ella… las ratas tendrían su festín. Entonces la ataron y la arrastraron callejón abajo, subiendo un tramo de escaleras hasta la orilla del río. Las ratas del agua tendrían su festín, dijeron. Y entonces… balanceando su atado cuerpo a uno y otro lado, la arrojaron con un chapoteo a las oscuras, girantes aguas. Se hundió, se hundió, se hundió. Consciente tan sólo de una sensación de ahogo, de que aquello era la muerte… y luego…

-Ya está fuera, señora -dijo el dentista-. Es media corona, por favor.

Qué cachondo el julandrón, ¿eh? Por si no habíais caído, el título hace referencia al gas anestésico… ¿Qué os parece?

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¿Mojarse con el pijama?

Ayer acabé el controvertido libro “El niño con el pijama de rayas“, de John Boyle. Sí, sí, ese que se está haciendo tan famoso, primero en ventas y del que, por lo visto, ya se ha hecho una película. Con tanta expectación y sabiendo que se leía muy rápido, y es cierto, me apresuré a leerlo antes de que nadie me lo destripara.

He leído algunas reseñas por ahí y parece que por lo general se respeta lo que pone en la contraportada del libro, la importancia de empezarlo sin saber el tema que trata. Aunque en parte creo que es cierto, he de decir lo siguiente:

En primer lugar, muchos de los que lean este comentario ya lo habrán leído o bien ya sabrán de que va porque alguien se lo habrá reventado.

En segundo lugar, en las primeras páginas ya te hueles la polvora de por dónde van los tiros y un poco más adelante las sospechas se confirman.

En tercer lugar, la portada y el título dicen muchísimo; mi madre, que es muy lista, lo supo nada más verla.

En cuarto lugar, los mejores comentarios del libro que he visto son los que destripan el tema. Si llegados a este punto no os importa saber de que va o ya lo habeís leído, esta crítica, que es algo negativa y habla un poco de su contenido, es la mejor que he leído (aunque tampoco he leído muchas).

En quinto y último lugar, no me parece tan importante que se sepa el tema que trata (ya que tiene su historia, bastante emocionante). Sí me lo parece el final (como en todas las novelas ¿no creeis?)… y ya me parece que estoy diciendo demasiado.

Dicho esto, y a pesar de todo, de momento voy a prescindir de hablar sobre el contenido del libro (a no ser que queráis que me moje, para lo cual tendría que, como he dicho, destripárselo a quien no sepa nada de él; si así lo quereis comentádmelo). Sólo diré que me ha gustado mucho, que patatín y patatán y que guarda más de una sorpresa. También me parece genial la portada del libro:

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Como ya la habéis visto, la comentaré muy brevemente. A mi me parece genial (pese a lo que dije en tercer lugar), va con la historia (no sólo con el tema), dan ganas de enpijamártelo o enguatártelo. En fin, que si pensáis que he dicho demasiado o bien demasiado poco comunicádmelo. He hecho lo posible por guiñarle al que lo ha leído y respetar al que no, no se si lo he conseguido. Simplemente recomendable.

P.S. ¿Os parece importante el factor sorpresa? ¿Dejais que os cuenten detalles de películas o libros que no habéis visto o leído? ¿Os gusta estripar?

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