
Ya lo veis, señores. Este año los Reyes Magos han llegado en febrero. Eso sí, la espera ha merecido la pena. Sin duda alguna, ha sido de los mejores regalos que he podido recibir, y la responsable de todo ha sido mi hermana. El 6 de Enero nos comunicó la noticia a mi madre y a mí: en febrero, nos vamos los tres juntos a pasar cinco días a…¡Roma!. Es decir, a la Ciudad Eterna.
Sin embargo, ¿cuál es la “magia” de Roma? ¿es por la “pechá” de monumentos que se pueden visitar? ¿por la pasta y la pizza? ¿por los romanos en sí? ¿por todo lo anterior? Yo no sabría dar una respuesta. Más bien, pienso que no la hay. Cada uno vivirá este tipo de experiencias a su manera. Yo solamente puedo hablar de mi experiencia particular.
Para mí, la magia de esta ciudad se encuentra en las historias que acompañan a sus monumentos, a sus esculturas, a sus cuadros…
Sentarse en la escalinata de la Plaza de España y saber que durante el Siglo XVIII allí mismo numerosos escritores, intelectuales y pintores se reunían e inspiraban (la casa del poeta John Keats está emplazada allí) hace que la experiencia de contemplarla sea más emocionante.
También resultan curiosas las anécdotas que tiene en su haber la bellísima Fontana di Trevi (cuyo nombre hace referencia a las “tres vías” que en ese emplazamiento concurrían). Fue allí donde Federico Fellini rodó la sutil escena en la que Marcelo Mastroianni y Annita Ekberg se declaran su amor en “La Dolce Vita“. Desde un punto de vista menos artístico, esta fontana fue la fuente (y nunca mejor dicho) de ingresos de un indigente durante años: un tal Roberto Cercelletta se dedicaba a “pescar” las monedas que los turistas masivamente lanzan cada día,…¡llegando a recaudar unos 500€ diarios! (actualmente las monedas se recolectan para ONGs).
No menos impresionante es el Coliseo. No ya por su estructura (aunque lamentablemente no se ha conservado demasiado bien a lo largo de tantos años), que también, sino por lo que dicho lugar implicaba. De él se ha llegado a escribir: “Cuando caiga el Coliseo, caerá Roma. Cuando caiga Roma, caerá el Mundo” (Beda el Venerable). Todos hemos visto “Gladiator“, así que no me pondré a explicar aquí en que consistían las batallas de gladiadores. Sin embargo, ¿sabíais que durante años posteriores a la caída del Imperio Romano (y cierre del Coliseo, por tanto), crecieron multitud de plantas y flores exóticas alrededor del monumento? La explicación es muy curiosa: los cocodrilos, leones y demás animales que importaban desde África para los espéctaculos muchas veces transportaban en sus cuerpos semillas de dichas plantas, que al desprenderse en tierras romanas hicieron crecer esa pequeña selva. Sorprendente, ¿no?
El Panteón es también capítulo aparte. Se trata de una estructura de más de dos milenios de antigüedad edificado para venerar a los Dioses. Se mantiene casi intacto y eso no deja indiferente al visitante, pues juro que, al verlo, por momentos me sentí transportado a la Roma Clásica (supongo que a esto se refieren todos con lo de la “magia”, ¿no?). En su interior se encuentra hoy en día la tumba del artista Rafael Sanzio y de Victor Manuel II, el primer Rey italiano. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue su cúpula: no está cerrada, por lo que puede contemplarse un círculo en el techo por el que, evidentemente, se filtra el agua al llover. Aunque suene paradójico, tuve suerte de que lloviera el día en que lo visité, pues pude contemplar cómo el agua describía una especie de tubo circular en el centro del monumento. Los romanos, muy cucos ellos, para evitar que en caso de lluvia torrencial el Panteón se inhundara (y para no tener que estar todo el día fregona en ristre, supongo) hicieron pequeñas y casi invisibles perforaciones en el suelo para que por ahí discurriera el agua. Inteligentes, ¿eh?
Pero sin duda alguna el lugar que más me impresionó y disfruté fue La Ciudad del Vaticano. No porque me evocara algún tipo de sentimiento religioso espiritual (pues -como dijo Luis Buñuel- soy ateo, gracias a Dios), sino por la cantidad de arte que el lugar encierra. La Basílica de San Pedro está lleno obras con multitud de historias (desde el impresionante baldaquino central de bronce – material extraído de la cúpula del antes comentado Panteón, fitetú – obra de Bernini; pasando por la escultura “La Pietá” de Miguel Ángel – esculpida cuando solo tenía 25 años, una de las pocas obras que llevan su firma, escondida en la banda que atraviesa el pecho de la virgen. Hoy en día está protegida por un cristal a prueba de balas, desde que un visitante decidiera atacar, martillo en mano, a la pobre escultura-; hasta la estatua de bronce de San Pedro (que se atribuye a Arnolfo di Cambio), cuyo pie derecho está completamente deformado a causa de los besos de los peregrinos. Por muy poco que me interese la religión católica no pude dejar de maravillarme ante este tipo de historias.
También en el Vaticano puede uno contemplar una de las vistas más impresionantes de Roma desde la no menos impresionante Cúpula de Miguel Ángel (eso sí, subiendo más de 500 escalones, pero merece la pena).
Y cómo no, la Capilla Sixtina, que he querido dejar para el final. Se encuentra tras pasar los interesantísimos “Musei Vaticani” (en el que se encuentran desde frescos de Rafael – “La Escuela de Atenas“, por ejemplo- hasta míticas esculturas clásicas – el Laocoonte, mismamente) y es sencillamente alucinante. La putada es que siempre está atestada de gente, todos mirando alternativamente hacia el techo y hacia el fresco de la pared central. Éste último no es sino “El Juicio Final“, de Miguel Ángel (como la mayoría de lo que hay en la Capilla). Dicho fresco tuvo que ser “retocado” por los discípulos del artista para añadirle hojas y paños a los personajes que originalmente se mostraban desnudos. Si uno mira al techo, conseguirá ver, entre otros frescos, el mítico “La Creación de Adán“. Y pensar que Miguel Ángel no se consideraba a sí mismo un pintor…(como dato curioso diré que, además de provocar la envidia y el desprecio del resto de artistas que también contribuyeron a pintar la Capilla Sixtina pero que se han visto eclipsados, Miguel Ángel quedó, según he escuchado, jorobado y casi ciego tras finalizar esta magna empresa).
Bueno señores, que veo que me estoy excediendo en mi relato. Creo que ha quedado patente que he venido encantadito de esta ciudad. Han sido unas mini vacaciones familiares en plan cultural que me han enriquecido muchísimo. Todo aquel que también haya visitado Roma seguro que coincide conmigo. Los que no, solo puedo deciros que en cuanto tengais tiempo y un poco de dinero os pegueis una escapada hacia la capital de Italia. ¡Todos vuestros sentidos os lo agradecerán (el del gusto también, porque el tema de la comida merecería post aparte)!
Anita, jamás te estaré lo suficientemente agradecido…¡peazo regalo!
te lo vuelvo a repetir!!! madre mia ,qe envidia me das!!! ademas x lo qe cuentas tiene qe ser todooo super xulo , a ver cuando puedo escaparme yo jejeje, bnga besikos
Realmente bien transmitida tu experiencia, Luis, se refleja en el relato que esa ciudad no tiene desperdicio (al menos en esencia artística-cultural)… ¿Vivirías en Roma tras esos días de estancia (pasajera) allí?
Hombre, la verdad es que no importaría pegarme una temporadita por allí…
Aunque en el post no lo comento, también hay mucho ambiente universitario. Una de las noches estuve paseando por la zona del trastevere (que viene a ser el barrio de la juventud) y había mu wen rollo, muchos baretos, pubs con música en directo…vamos, que la ciudad es variadita y para todos los gustos. Y lo mejor: no es excesivamente grande, por lo que no es agobiante (a mi juicio). Sí, me tiraría un añito tranquilamente!
Joder Luis…¡Qué bien te lo has tenido que pasar! ¡Envidiaaaaa!jejeje…muy visual tu relato… Algún día iré. Eso es fijooooooooooooooooo!!!!!
Luisdefran, te dejo el comentario porque soy demasiado torpe para mirar tu dirección de correo.
katufa o katoifer
como gustes
charmed
Me alegra ver que has disfrutado un montón de tu visita, aunque no mencionas el recorrido por las iglesias que se mencionan en el codigo da vinci o en angeles y demonios, no recuerdo bien. Yo las visité y me sentí transportado al relato.
Tambien me encantó la historia que se menciona en libro donde asesinaron a unos de los cardenales y es justo una fuente con una paloma en su cima. La historia es la siguiente, habia mucha rivalidad entre los artistias Borromini y Bernini, uno de ellos construyó una iglesia, y al otro se le encargó hacer una fuente justo en la puerta de esta iglesia.
Si te fijas, todas las estatuas que forman la fuente estan aterrorizadas con algo que hay justo detrás de ellas, que hace que incluso se giren las cabezas para no mirar, y ¿ que era tan terrorifico??? La iglesia de su rival, jajjaj, es buenisima la historia, a mi me dejó sin palabras.
En fin primo, nos veremos pronto y me alegro de tu visita romana.