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Una Canción Regia

No quiero que The traveler mesenfade así que voy a dejar aquí el genial y clásico Canon escandaloso, que ya nos hizo mucha gracia al oírlo en su formato audio (Les Luthiers, Cardoso en Gulevandia (1991); por cierto, me lo grabó Don Petenor) y lo he recordado con la actuación en video de Humor Dulce Hogar (1986):

Pienso que al leer novelas (al igual que al ver películas, al oír discos, etc.), los factores ambientales que rodean la actividad son realmente fuertes en cuanto a la intensidad con que éstas sean experimentadas, al igual que los factores anímicos con los que nos encontremos a la hora de realizar dicha actividad; quiero decir que, entre otras cosas, influye bastante el estado de ánimo y las circunstancias en las que sea realizada para que gusten / emocionen / se disfruten o disgusten / aburran / se odien tales novelas (o películas, discos, etc.).

En cuanto a los factores ambientales creo que coincidiremos en que no es lo mismo, por poner el ejemplo, disfrutar de una película con la calidad que proporciona una sala de proyección (especialmente concebida para ello) que verla en una pantalla de ordenador (que, por otra parte, también tiene ventajas como permitirte elegir el momento de verla, poder interrumpirla, proporcionarte la intimidad o soledad necesaria, etc.), también cambia la percepción la cantidad y gustos particulares de las personas con las que las vemos, así como el estado personal de éstas como compañeras de visionado (por ejemplo, en ocasiones, ver una película con alguien con un exceso de predisposición puede provocar rechazo o, por el contrario, atracción hacia la película, o pueden contagiarte el sueño mediante bostezos (idem tú a ellos); incluso una multitud estrepitosa puede convertir terror en comedia). Puede que no sean mejores una opciones que otras (para gustos…ya se sabe), simplemente hacen percibir y/o sentir de distinta forma la obra visualizada y/u oída. Lo mismo sucede con la música, y como casos más opuestos se me vienen a la mente la notable diferencia que existe entre disfrutar de un concierto en directo y escucharse un buen disco en la soledad y oscuridad más absoluta.

También sucede que muchas de las obras han sido concebidas por parte de sus creadores para ser experimentadas en condiciones concretas. De esta forma, podemos encontrarnos películas para ver en pareja (nada recomendables), los recién citados discos para oír en soledad, música para multitudes alborotadas, revistas para entretener las evacuaciones fisiológicas (me refiero a cagar leyendo el jueves o el país semanal por ejemplo), u obras artísticas carne de museos. El problema es que en la mayoría de las ocasiones sucede que no se sabe si has elegido el contexto adecuado hasta que estás ya en ello.

El factor anímico es aún más radical ya que la mayoría de las ocasiones se enfrenta directamente con la obra experimentada. Este factor es, si cabe, menos controlable que el ambiental, ya que a veces no caemos en el estado de éste e ignoramos lo que nos depara la obra que estamos a punto de experimentar. En ocasiones, siendo conscientes de lo primero y previniendo lo segundo, podemos elegir el momento más idóneo para enfretarlos pero otras ni eso. Supongo que para eso sirven las etiquetas y las clasificaciones, para que sin saber realmente de que va la historia tener una idea de lo que nos podemos encontrar por similitud con otras que ya conocemos y, de esta forma no nos coja desprevenidos y no choquen radicalmente el estado personal con las sensaciones que se pretende proporcionarnos (aunque particularmente creo que la gracia es que sí que choquen).

Con las novelas, entre otras circunstancias tenemos el ritmo de lectura. Así, podemos optar, y normalmente lo hacemos según el tipo de lectura, ganas y tiempo disponible para ello, desde meternos el atracón de leer y bebernos en poco tiempo el libro que nos traemos entre manos (como suele ocurrir inevitablemente con los best-sellers y la comida ligera) hasta leer un par de páginas diarias antes de dormir.

Bueno, ya se que no he descubierto nada nuevo pero todo esto se me viene a la mente pensando en lo que disfruté con última novela que he leído: Los girasoles Ciegos, de Alberto Méndez. De lo mucho que empezó a gustarme desde el principio, siguiendo con el símil gastronómico, quise saborearla y digerirla bien, sin engullirla de golpe, y, por supuesto, no me arrepiento, ya que rápidamente me di cuenta del contexto y ritmo que debía darle a la lectura del libro para la buena digestión de la que hablo: nocturna y lentamente. Éste se encuentra dividido en cuatro tremendamente tristes historias contextualizadas en la posguerra española. Cada una de estas historias es una derrota ocurrida en un año muy concreto, consecutivamente del 39 al 42 y dudo que puedan dejar indiferente a nadie pero es difícil explicar las sensaciones que me producían… ¿alguna vez has sentido cómo se te anudaba la garganta mientras leías? Esa sensación de azogue es la que experimentaba, de forma que el nudo se iba apretado conforme iba finalizando cada una. Además de la innegable calidad de la novela en todos sus aspectos, se ha juntado todo aquello de lo que hablaba para que me marque: el estado de ánimo y contexto del que he hablado, digiriéndola de forma convencional: antes de dormir y en pequeñas dosis. No obstante, con lo que más he disfrutado y que destacaría por encima de todo es la forma en que la novela en conjunto es narrada, con un lenguaje muy poético y un estilo depuradísimo (no como este escrito).

Más o menos esas han sido mis circunstancias e impresiones de lectura de “Los girasoles ciegos”. En otoño se estrena la película inspirada en la novela que ha dirigido José Luis Cuerda, por lo que creo que es mejor leer el libro antes de que nos pongan caras a los personajes, aunque ya apareció una pequeña muestra del reparto en el telediario,y en mi opinión los actores (Maribel Verdú y Javier Cámara entre otros) que representarían a los personajes no pintaban nada bien de acuerdo a como yo los imaginaba. La adaptación del guión ha sido el último trabajo del recientemente fallecido Rafael Azcona, guionista de obras maestras como el Verdugo, aunque en esta ocasión no tengo ni idea de lo que puede suceder; quien sabe, podría salir una maravilla o un desastre absoluto. Pese a todo, tengo esperanzas de que al menos una de las historias (la segunda derrota con título “Manuscrito encontrado en el olvido”) no haya sido tocada en la película porque es muy especial y me parece inconcebible en el lenguaje del cine.

De esta forma, recomiendo su lectura así como la elección del momento idóneo, como con todo.

Halcones de la Noche

Hace tiempo que quería hablar aquí de este cuadro de Edward Hopper, titulado “Nighthawks”, es decir, “Halcones de la Noche” (literalmente) o, como se le conoce normalmente en los países hispanohablantes, “Noctámbulos”. Como podeis ver, se trata de un cuadro con un tratamiento semi-realista, pues si bien sus figuras son reconocibles perfectamente, la luz de la composición se ve rara, como si fuera una luz extradiegética (que viene de fuera del espacio). Hay que tener en cuenta que el cuadro data de 1942, época más cercana al cine y a la novela negra que a las imágenes de ciencia ficción a las que hasta cierto punto se asemeja.

De hecho, no es de extrañar que Ridley Scott, durante el proceso de creación de Blade Runner, le mostrara constantemente a todo el equipo de producción una imagen de este cuadro, para recordarles cómo debía verse la película. Y es que Blade Runner es, aparte de muchas otras cosas, una conjunción de elementos del cine negro de los años 40 y 50 con un toque irreal, fantástico, que se conoce como future noir.  Pero Hopper, antes que a Scott, influyó a los precursores del cine negro.

“Nighthawks”, como casi todos los cuadros que pintó Hopper en EE.UU., habla de la incomunicación y del hastío en la vida americana. ¿No es 100% yanqui ese diner adonde los personajes acuden para ser acompañados en su soledad? Vale que se trata de un café-bar un tanto especial, de ventanal imposible, cuya elegancia está fuera de toda duda. A Hopper le gustaba la arquitectura, el cine, la literatura, todo. Un poco como le pasa a David Lynch, cuya imaginería visual no es difícil de encuadrar en el ambiente creado por Hopper, todo sea dicho de paso.

Lo grandioso de esta obra, entre muchas otras cosas, es cómo Hopper juega con recursos muy propios para crear sensaciones comunes a todos. La II Guerra Mundial asolaba Europa por la época en que fue concebido el cuadro, aunque los americanos no entrarían en ella hasta el ataque a Pearl Harbor, que sumió a la población en un estado de profunda inquietud y desasosiego. Dos sentimientos que se desprenden de las obras de Hopper con bastante frecuencia, sin que apenas nos demos cuenta, y lo que es más difícil, sin recurrir nunca al drama. 

En este caso, por ejemplo, tenemos un bar, unos clientes y un camarero. Aparentemente todo normal, pero sabemos que no es así. Para empezar, los clientes no se miran, no están hablando, salvo el hombre que se encuentra junto a la mujer (una femme fatale de las que ya no quedan), que quizá esté pidiendo algo al camarero, cuya mirada se pierde entre el cliente y la calle. El camarero parece estar encerrado dentro del recinto de la barra, pues no vemos puerta de salida alguna para él, ni para el resto de clientes, ya que Hopper se encarga de enseñarnos un espacio cerrado, infranqueable, como si fuese más una pecera del desamparo que otra cosa.

Pero quizá lo que más impresione del cuadro, como se ha ido comentando, es su extraña luz. Digo extraña por ser una luz pintada en 1942, cuando los fluorescentes comenzaban a poblar los Estados Unidos. La sensación de soledad y de aislamiento se acentúa con una luz de este tipo, pues sabemos que las luces cálidas y tenues favorecen la confidencia y la relajación. Esta luz, en cambio, mantiene a los personajes alerta.

Para ir acabando, voy a mencionar a un hijo bastardo (o no) de esta obra, el disco de Tom Waits  “Nighthawks at the dinner”, que me parece el músico ideal para ponerle banda sonora a la imagen de Hopper, pues las concordancias temáticas y estéticas entre ambos no son pocas, aunque no tenga por qué ser este disco el más representativo ni del músico norteamericano ni de la pintura en la que se basa. 

Por último, os dejo un par de links de dos series muy famosas que han parodiado y/u homenajeado este cuadro, aunque no son las únicas que lo han hecho: Los Simpsons y CSI

El legado de nadie

Los hijos somos ingratos con nuestros padres, como ellos lo son con los suyos. Es algo genérico y generacional, una especie de superposición de épocas que no se entienden ni se respetan. Lo último es considerado invariablemente mejor. 

Aquello que ya se ha hecho o ya fue queda relegado al ostracismo, ya no se estila, es mejorado y pasa a ser olvidado. Sucede con casi todo, especialmente con las personas mayores, dinosaurios extintos. Antiguamente llegar a viejo significaba algo, hoy no significa nada. En casi todas las culturas y civilizaciones que ha habido, la voz de la experiencia pertenecía a aquellos que por edad tenían una visión del mundo más amplia y más sabia, pues habían contemplado la vida con los ojos de un niño, de un joven, de un adulto, y por último, de un anciano. Sus opiniones y sus actos eran modelos de conducta para las generaciones posteriores. Hoy los viejos no son el modelo de nada, y su voz no es escuchada con el debido respeto. Todo lo que hicieron por nosotros ya no vale un carajo, porque lo que importa somos nosotros mismos, y a todo lo demás, que le den.  

También sucede en el arte. Ser moderno es muchas veces olvidar lo que se ha hecho, reirse de ello o no prestarle atención siquiera. Hay artistas pretenciosos que sólo se creen productos de sí mismos, desconociendo que lo que creen rompedor ya se hizo hace 40, 60 ó 1000 años antes. Y me jode toda esa apestosa modernez de tantos mierdas que pululan por el mundo del arte y del espectáculo. También me jode que se nos olvide que no somos sino la extensión lógica de lo que otros fueron. Que si disfrutamos de lo que tenemos es porque otros muchos (hoy ancianos, o ya muertos) han mejorado lo que sus antecesores les legaron, y así sucesivamente, época tras época.

Así las cosas, yo no sé cuál será nuestro legado, pero como las generaciones futuras nos hagan tanto caso como nosotros a nuestros mayores, lo que quedará será una puta mierda.

Por todo ello, yo voy a seguir pensando que el viejo que mira de cara a la muerte porque la tiene cerca es mucho más listo que yo.

 

Seguro que muchos de vosotros conoceis la serie de animación “Futurama”, la segunda hija de Matt Groening para la televisión, tras la emblemática y archiconocida “Los Simpsons”. Esta serie se ha ganado por méritos propios el tener su particular legión de fans. Estos méritos son entre muchos otros, el contar con una animación bastante currada y sofisticada, tramas complejas que parodian el genero de la ciencia ficción y un humor que no necesariamente ha de estar basado en la sucesión de gags visuales (como habitualmente ocurre en “Los Simpsons” o “Padre de Familia”). “Futurama” tiene personalidad propia y por ello muchos la hemos sabido apreciar.

Lamentablemente hace más de cinco años que la serie se canceló. Las cinco temporadas emitidas supieron a poco, pero los creadores justificaron su final alegando que producir a la vez tanto esta serie como “Los Simpsons” no era una tarea fácil y que esto estaba influyendo negativamente en la calidad final de ambos programas. Así que, evidentemente, sacrificaron la menos exitosa.
Por suerte, parece que Groening y compañía han escuchado a los cientos de miles de millones de seguidores que reclamabamos justicia (y tambíen habrán visto las elevadísimas ventas que ha tenido la edición en DVD de la serie, seguramente) y han decidido crear una nueva temporada, en forma de cuatro películas, estructuradas cada una de tal forma que pueden dividirse en cuatro capítulos a su vez. “El Gran Golpe de Bender” es la primera de ellas, y, desde hace poco más de dos semanas, la tenemos ya en España.

Sin embargo, esta película ha sembrado la polémica en las entrañas de este pequeño rincón llamado ETCETERAMA…

POR QUÉ AMO “EL GRAN GOLPE DE BENDER”. Por Luisdefran.

La primera película de Futurama es el gran regalo de sus creadores para los fans. No sé qué temas trataran las otras, ni que tono tendrán, pero me ha parecido acertadísimo el aire de “¡hemos vuelto, chicos!” que desprende esta primera gran aventura. Desde la explicación de por qué han estado varios años “parados” hasta lo épico de su envoltorio, todo está hecho para que los que hemos contado cada día que ha pasado desde que acabó la serie nos regodeemos en cada detalle. Sí, tal vez si sólo has visto uno o dos capítulos alguna vez en tu vida no pillarás ni la mitad del argumento, menos de la mitad de la mitad de los guiños y, seguramente, menos de la mitad de la mitad de la mitad de las bromas. ¿Es esto malo? Ah, es que tenían que haberlo hecho para que todos la pillaran del tiriqui. Pues no. Para empezar, la película es la continuación de la última temporada, no puede partir de cero y, además, está claro que por cojones tenía que tener detalles llamémosles “elitistas” para los que hemos estado ahí y nos hemos visto las mil y una reposiciones de la serie en Antena3 y ahora en LaSexta. Vaya timo sería que no hicieran nigún tipo de referencia, homenaje o guiño a míticos capítulos pasados o a situaciones acontecidas anteriormente.
La amo porque conserva su personalidad, porque, a diferencia de la película de Los Simpsons, conserva el humor que siempre tuvo (ese humor geek que le caracteriza y que la hace única), porque su trama coge tanto lo mejor de los capítulos épicos  de la serie ( “La Guerra es una M”, por ejemplo), de los complejos (”El Porqué de Fry”, “La Paracaja de Farnsworth”) y los romanticones o “bonitos” (”La Picadura”). Así, asistiremos a  liosísimos viajes en el tiempo y a la vez nos conmoveremos con el bueno de Fry intentando, una vez más, conseguir a la uniojo Leela.

En definitiva, me gusta porque, pese a los años pasados, es FUTURAMA es estado puro.  

 

 POR QUÉ ODIO “EL GRAN GOLPE DE BENDER”. Por Kikeonu.

Lo cierto y lo fijo es que no puedo competir con el futur-ramero Luisdefran en cuanto a conocimientos de la serie se refiere. Para empezar, no creo haber visto una temporada entera, o por lo menos no he seguido nunca la historia con una leve sensación de continuidad siquiera, así que me faltan muchos capítulos por ver. Me sé los nombres de los personajes, algunos detalles de la trama y punto. Eso sí, hubo un tiempo en que la amé de veras, la seguía con frecuencia e interés, y alababa sus virtudes como el que más. Tristemente, ese tiempo ha pasado. Por eso mi testimonio no será (no pretende serlo) tan válido como el de mi compañero, pero allá vamos.

La película, que dura 1h. 25min., se me hizo eterna. Empezamos a verla después de comer y cuando acabamos creía que ya era de noche, con eso lo digo todo (recordad lo tardecito que anochece ahora). Es confusa a más no poder, con unos saltos temporales chunguísimos y muy difíciles de seguir. Respecto a esto, debo reconocer que siento una especial animadversión hacia el empleo masivo de saltos temporales en general. Vamos, que como me pongas muchos patrás y palantes seguidos me pierdo. Y eso fue lo que me pasó con esta peli, tantos eran sus putos saltos. Luego está el tema de las bromas. Luisdefran dice que si son bromas geeks (coñas informáticas, ahí es nada), que si hacen referencia a capítulos épicos de la serie… En fin, yo no entiendo las bromas geeks, y la última cosa épica que vi fue Gladiator. Lo que está claro es que la jodida película no me hizo reír como yo esperaba, salvo contadas excepciones, como cuando alguien se caía o se daba un golpe, que esas bromas sí las entiendo y siempre me han hecho mucha gracia. 

Amigos que nos leéis, hacedme caso y no la veáis si no habéis visto 40 veces cada capítulo de la serie antes, que lo suyo es pillar las bromitas internas y pegarle un codazo al de al lado para decirle: “¿Has visto? Eso salía al final del capítulo 3 en la 2ª temporada… jejeje, que guay”.  

 

¿Y tú, de quién eres?

En toda casa que se precie hay un rincón indefinido donde sin saber exactamente por qué, se va formando una montaña de papeles (aún yendo cada semana con una bolsa hasta las trancas al contenedor azul, que si no…) que con el tiempo, inapreciablemente, va formando parte de la familia sin que llegue a molestar demasiado, excepto cuando, como en mi caso, ya no se veían los olivares desde la ventana desde la que siempre se habían visto los olivares: era el momento de escalarla, escrutarla, cercenarla y recuperar el espacio expropiado.
Puestos a la labor, de allí salieron recetas de cocina caducadas, anotaciones de discos que debía escuchar cuyos autores puede que ya estén muertos, propaganda de cuando la Vuelta Ciclista a España finalizó en Ubrique, mapas de dicho pueblo, catálogos de Discoplay donde en una de las portadas venía Georgi Dan (el “chicharra”, porque siempre cantaba en verano) dando brincos o “Los Brincos” dando chicharrazos, fotocopias de recomendaciones de la escuela de cómo ayudar a estudiar a los hijos, un sudoku enreliado y hasta los cojones de que yo no diera con la solución, facturas de la comunidad de vecinos de haber pintado la escalera o haber comprado dos bombillas, o de aquellos baffles “jamo” que tanto me gusta como suenan, periódicos que te recordaban que aquel día de tirada un toro le había metido a Jesulín un cuerno por el culo, una lista de cupones que ya hacía mucho que se habían llevado la ilusión, un menú portátil de la pizzeria cuyos precios… deberían ser actuales, la partitura aquella de “Campanitas del lugar” que se quedó en el mundodios, un test arrancado de la consulta del dentista para ver lo inteligente que soy (no mucho, si aquello estaba allí), o una lista de apodos-motes-sobrenombres que empiezan por la “p”.
Casi todo lo fui tirando, todo no porque en un futuro quién sabe si la receta esté de moda, pero tanto tiré que cuando me di la vuelta de haber vaciado aquel cajón de papeles, se oyó un pedazo de erupto que fue entonces cuando me di cuenta de que el contenedor se había empachado.
Hoy queda en su lugar una suave meseta y cuando no está nublado se ven los olivares, y de todo lo que se quedó, no voy a compartir un calendario para echar un polvo de una manera diferente cada dia del año (mas que nada porque ya lo tendréis), pero sí la lista de los motes, ea, pa que la disfrutéis:


Pacorro, Pacurri, Peseta, Peloncho, Periáñez, Pericote, Papafrita, Pelón, Pelusa, Peosa, Porratostá, Paliza, Pocarropa, Pelota, Pincaré, Paconcho, Pompeo, Pocapringue, Panala, Perrero, Perchero, Pichitadulce, Piculi, Pompa, Pajarito, Pollo, Parpalla, Pescailla, Pescaó, Pescaero, Punchi, Pinchauva, Pirri, Pepete, Pelícano, Pantera, Pechuga, Pirujo, Piquero, Pipa, Pato, Papa, Papaolo, Pisahuevos, Pelosdetonta, Pitufo, Pena, Pecas, Panchova, Pataita, Panzaburra, Prensa, Pelayo, Pericopiso, Pinturas, Peraco, Pacopicha, Perdigón, Pandereta, Platerito, Perlana, Piteras, Pocamoto, Parrona, Pijino, Pitanco, Pavo, Pavero, Pili, Posaero, Pescuezozorro, Pelosdelezna, Piojo, Patillas, Penca, Parrita, Prisionera, Peluca, Pitocaz, Pazoslargos, Patuco, Pepejopo, Paternuo, Pendón, Pitraco, Pechín, Pintiño, Pollero, Pirata, Poni, Peta, Percha, Perejila, Payoyo, Perrecio, Pototo, Porrúa, Pinki, Pistola, Pralín (este era un maestro del Instiputo que tenía una mancha oscura que le cogía media cara, hay que ser cabrón… y ocurrente), Perkin, Pacheco, Poleera, Punto, Puntilla, Porralo, Pepeillo, Predomina, Purina, Polaca, Perrita, Patapelo, Pericota…

Algunos os sonarán, otros son de cuando a Fraga le daban coscos en la mili, y los modernos no están…

¿Qué tal etceteramistas?

Hoy os traemos doble ración de videos “made in Etceterama”. Cuando este blog nació Kikeonu ya colgó aquí nuestras primeras obras “Huevos Yemita” y “La Muerte de Bart”, las cuales espero que disfrutárais. Lo que ahora nos ocupa son dos mini cortos (si es que se le pueden llamar así) hechos con el móvil. Ya os podeis imaginar la calidad de imagen y sonido que tienen…

“Lanzarte”

En este corto muestro mi preocupación por el sufrimiento interno de los jóvenes de hoy en día. En él trato temas como el de la amistad, el desdén y el suicidio. Sin embargo, como no me gustan las tragedias, he propuesto un final optimista. Espero que lo disfruteis casi tanto como nosotros lo disfrutamos al hacerlo.

 

“Kike is Lost”

Con “Kike is Lost” mi fiel Kikeonu y yo abordamos la difícil tarea de homenajear a esa enormísima serie llamada “Lost” (Perdidos). Creemos que en los escasos 18 segundos que dura el corto transmitimos justamente lo que la serie muestra cada semana durante las 4 temporadas que lleva: desconcierto.

Hola choutuberos, yiutubeantes y shutiubiferos. Otra vez venimos con los “Doblajes de coña hay en to los laos” o “Como cargarse por completo una peli (buena a priori) “

El caso es que la semana pasada me descargué de internete una película danesa: El festín de Babette, de Gabriel Axel (que nadie diga que es gratamente recordable). La hallé de casualidad, me atraía el título y la información que leí, y me fijé que tenía un oscar a la mejor película extranjera en el 87. Esto me bastó para bajarla y verla. Además, para no calentarme la cabeza, tuve la desfachatez de descargármela doblada al castellano.

La verdad es que me resultó un verdadero coñazo, lo que se dice un tostón; tiene a su favor estupendos detalles y una salvable última media hora, pero su doblaje fue lo que realmente me mató cuando la vi. Éste no es tan horrible como el que hace un par de semanas nos mostró el amigo Luisdefran en Doblajes de coña los hay en “to los laos” pero podéis comprobar que también tiene cacaruca:

¿Os habéis fijado? ¿Habíais visto un video con un montaje más cutre? Bueno, eso es lo de menos ¿Cómo se explica que a una película con premios internacionales le hayan endosado tan nefasto doblaje?

En fin, aunque a mi me aburriera he de admitir que la película no está tan mal; si os gusta el tema culinario mínimamente algo disfrutareis (he leido que es la peli gastronómica favorita de Adriá, como dato curioso) . Más datos y sinopsis pinchando aquí.

Pues eso, por lo que más queráis, procurad que no os la metan doblada.

La imagen congelada

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¡Oh no! ¡Es Manuel Torreiglesias!

¿Qué pasaría si un día, sintonizando tranquilamente vuestro televisor, se quedara grabada una imagen de este hombre para siempre en un canal perdido? ¿Cómo reaccionarías si cada vez que pones ese canal ves al viejo de Saber Vivir con el gesto torcido de forma perenne, en la misma postura para el resto de la eternidad? 

Que te partes el pecho. O por lo menos eso es lo que nos pasa a mi familia y a mi cada vez que ponemos el canal 11 de nuestra tele. ¿Que no hay nada entretenido que ver? ¿Que estamos apagadillos? Ponemos el canal 11. El amigo Manuel nos acompaña con su sonrisa congelada e inunda de jolgorio nuestro hogar.

¿No os parece un momento mágico de la televisión?

Goodbye America

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Sergio Oksman (el hombre joven de la foto) es un brasileño que hace películas documentales. El otro día en clase vimos su último documental, y después vino a hablar con nosotros. Me cayó genial. La peli se llama Goodbye America, y es una producción de Elías Querejeta. La particularidad del asunto es que se trata de una película sobre un norteamericano grabada en Norteamérica, y cómo no, en inglés. El tipo en cuestión es Al Lewis, que así de primeras puede no sonar, pero que es nada más y nada menos que el abuelo de la familia Monster, esa mítica serie para muchos (no para mí) que ponían en La Bola de Cristal (otro mítico programa que yo no veía).

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El intríngulis de la película es confrontar los dos aspectos más llamativos de este personaje: el entrañable “monstruo” y el combativo activista. Porque Al Lewis no sólo fue un actor de su época, sino que siempre ha luchado por los derechos civiles más elementales y ha mantenido una posición duramente crítica con el poder establecido. En el momento en que se rodó la película Al tenía 92 ó 93 años, pero su vitalidad y su carisma son acojonantes. De hecho, al principio esta no iba a ser una película sobre Al Lewis, sino sobre la radio de izquierdas donde tiene un programa, pero Sergio Oskman y su equipo decidieron centrarse en él cuando allí lo conocieron.

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Así, la película discurre de un modo más o menos lineal que viene determinado por el proceso de maquillaje al que se somete Al. Mientras lo van transformando de nuevo en el abuelo Monster para representar por última vez su papel estrella, Al va desgranando algunos aspectos de su vida, sus opiniones y sus sentimientos hacia su país, tratando los principales temas acaecidos en éste desde los años 50 principalmente. La Caza de Brujas, Vietnam, las revueltas estudiantiles de los 60… Y todo esto mezclado con unas potentes imágenes de archivo que sirven para trazar una imagen convulsa de la segunda mitad del siglo XX en los EE.UU. 

Si quereis ver el trailer, pinchad aquí.

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Propongo una cosa: decid actores y actrices que para vosotros deberían ser desterrados del mundo del cine y de la tv para siempre. Se admite todo tipo de calaña. Venga, yo empiezo:

Voy a poner mi por qué al lado de cada uno, pa que la cosa no sea demasiado esquemática. Vosotros explayaros en vuestros comentarios si quereis, en?

  • Jorge Sanz: porque cuando dejó de hacer todas las películas españolas que en este país se hacían, terminó mu quemao y ya no pudo volver a ser el jovencito galán de antaño, teniendo que hacer anuncios de fairy y protagonizando la gran serie de Antena 3 El Inquilino (mirad su intro, por favor).
  • Will Ferrell: por su estupenda química con Nicole Kidman en Embrujada, por su entrañable papel en Elf, por hacer de Woody Allen en Melinda y Melinda y por brindarnos pelis como Patinazo a la Gloria y Pasado de Vueltas, dos joyas de la nueva comedia norteamericana.
  • Dan Aykroyd: por hacer de padre de Britney Spears en Crossroads, una road movie como las que ya no se hacen, y porque cada vez que sale de su cueva se mete en una peli más mala todavía. A finales de los 80 acabó su carrera, pero él no se resigna. Eso sí, el bueno de Dan sale en Los Cazafantasmas, en una de las de Indiana Jones y en The Blues Brothers, lo digo pa que los fans de estas pelis no se me echen al cuello. Por supuesto, nada más que Los Caraconos lo hacen merecedor de estar en esta lista.
  • Tim Allen: a este hombre lo pongo por el conjunto de su carrera, ya que lo único bueno que ha hecho en su vida ha sido doblar a Buzz Lightyear. Enumero alguna de sus pelis de autor: la saga enterita de Santa Claus, no hay Navidad sin que Tim Allen interprete con hondura al gordo de rojo. Cariño, estoy hecho un perro, cuyo título podemos aplicar a su vida. En Una Navidad de Locos, donde se une a Dan Aykroyd, Tim vuelve a tocar el gran tema de su obra: la Navidad. Otras pelis a destacar: Un padre de cuidado, A las Duras y a las Maduras o Cerdos Salvajes, con un John Travolta venidísimo a menos por milésima vez.

Ea chavalada, a citar nombres! 

  • Lidia Bosch
  • Timothy Olyphant
  • Adam Sandler
  • Tom Cruise
  • Ana Obregón
  • Elsa Pataky
  • Steven Seagal
  • Chuck Norris  
  • René Zellweger
  • Danny de Vito
  • Lindsay Lohan
  • Las Gemelas Olsen
  • Mischa Barton
  • John Travolta
  • Russell Crowe
  • Owen Wilson
  • Michelle Rodríguez
  • Milla Jovovich
  • Josep Linuesa
  • Vin Diesel
  • Kevin Costner
  • Nicolas Cage
  • Francis Lorenzo
  • Fernando Tejero
  • Alexandra Paul
  • Fran Perea
  • Hillary Duff
  • Whoopi Goldberg
  • Ana Duato
  • Britney Spears
  • Eddie Murphy
  • María Esteve
  • atrice Dalle
  • Leslie Nielsen
  • Hugh Grant
  • Jesús Bonilla
  • Aarón Guerrero
  • Chevy Chase
  • Steve Martin
  • Amparo Larrañaga (y su padre)
  • Carlos Hipólito
  • Keanu Reeves
  • Richard Gere
  • Toni Cantó
  • Sarah Michelle Gellar
  • Louis de Funes
  • Emilio Aragón
  • Salma Hayek
  • José Coronado
  • Tori Spelling
  • Alvaro Vitali
  • Eduardo Noriega

Repesca:

  • John Travolta
  • Tom Cruise
  • Steven Seagal
  • Adam Sandler
  • Nicolas Cage
  • Danny de Vito
  • Louis de Funes

Las Tetas de Bulma

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Se lo dedico a Arenas, quien ya dijera en uno de los post de este blog que “Piccolo era Dios”; y a todos los que, viendo Dragon Ball, alguna vez soñaron con verle las mamerzas a la picarona de Bulma (la auténtica, pintada por Toriyama, no por aficionados). Eso sí, si fuisteis fieles seguidores de la serie, esto ya lo habeis visto aunque no lo sepais. No pertenece a ninguna escena eliminada, se emite así dentro del capítulo. Lo que pasa es que ocurre tan jodidamente deprisa que es inapreciable para cualquier mortal. Solamente si se congela la imagen en el justo instante, se puede ver (sí, soy muy friki, pero tras varios intentos conseguí pararlo en todo su esplendor. “Imprimir Pantalla” y listo.). Si no me creeis, comprobadlo vosotros mismos:

Un detective sin nombre se empeña en limpiar una ciudad de mierda, Personville (o “Poisonville”). 

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Gángsters, putas, boxeadores, matones de tres al cuarto, policías corruptos, alcohol de contrabando en garitos ocultos, la femme fatale, el enemigo incansable, el hijodeputa, el menos hijodeputa, una réplica inteligente que se escapa con el humo de un cigarro.

Todo esto y mucho más sale en la novela que os recomiendo. Dashiell Hammett fue uno de los cabrones que inventó la novela negra, junto a autores como Raymond Chandler o Jim Thompson (que también escribió algún guión para Kubrick). Se sabe que la novela negra es un género genuinamente americano, como lo son las pelis de vaqueros. Surgió entre los años 20 y 30 del siglo pasado debido a muchas cosas. Que si la crisis del 29, la falta de empleo, el aumento de la delincuencia, la Ley Seca y todos los que se la pasaban por el forro… Vamos, que la vida era en blanco y negro, como una peli de Howard Hawks o John Huston.

Atención al dato: esta novela ha sido llevada al cine muchas veces, pero nunca se ha llamado “Cosecha Roja” ni se ha adaptado al pie de la letra. Se trata de: “Yojimbo“, de Kurosawa; “Por un Puñado de Dólares“, de Sergio Leone (que se fija más en Kurosawa que en Hammett); “El Último Hombre“, de Walter Hill con Bruce Willis; y por último, aunque es una mezcla de varias novelas y de otras muchas cosas, la grandiosa película de los Hermanos CoenMuerte entre las flores“.

Así que, si no conocíais al bueno de Dashiell, yo os lo presento y os recomiendo que leáis algo de él. No sé si os fascinarán tanto este tipo de historias y de personajes como a mí, pero os digo de verdad que esta es una novela muy potente y que lo pasareis genial leyéndola.

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¿Quién no ha oído alguna vez esa mítica frase de “¡oh, no!, ¡he creado un monstruo!”? ¿en cuántas películas, series o incluso anuncios hemos visto a un desquiciado profesor “jugando a ser Dios”? En definitiva, ¿quién no conoce al monstruo de Frankenstein?

Pues el origen de todo este berenjenal se remonta a 1931, cuando el peculiar James Whale dirigiera “El Doctor Frankenstein“, absoluto clásico imprescindible del cine de terror. A lo largo de estos 77 años que han transcurrido ya, la figura del monstruo se ha convertido en un icono esencial del terror. No solo porque no hay fiesta de Halloween que se precie sin la presencia de este hombretón, sino porque, aunque suene exagerado, ha pasado a la historia y forma parte ya del subconsciente colectivo, y eso que la mayoría de los mortales de la presente generación no la habrán visto. Tantos han sido los remakes, las parodias, los homenajes en general que sin duda alguna la obra de Whale ha subido al podio de las películas miticas mitiquísimas.

Pero, ¿es para tanto? Después de esta introducción, muchos de los que veais la cinta no esperareis sino ver el mismísimo cielo (o mejor dicho, infierno) ante vuestros ojos. Nada de eso. Como todo en esta vida, hay que ponerse en situación. No debemos olvidar que la película tiene ya casi 80 años, por lo que el nivel de cutrerío rebasa cotas inimaginables. Desde dudosas actuaciones, pasando por fallos de encuadre, errores de raccord a tutipleni, situaciones exageradísimas y precipitadas… pero, como he dicho, sería injusto que la valorasemos teniendo en cuenta parámetros actuales.

La película desprende encanto, el blanco y negro, si bien obligado, le sienta fenomenal, los decorados góticos son geniales y jodidamente conseguidos (el castillo, el molino, la mansión..) y el personaje del monstruo de Frankenstein (ojo, error generalizado: Frankenstein es el doctor, el monstruo no tiene nombre) está genialmente interpretado por Boris Karloff (realmente parece un ser sin alma, los primeros planos a su careto muestran lo conseguido del maquillaje). Además, pese a los comentados fallos de encuadre y raccord, tiene no pocas proezas en el plano técnico, como los travellings dentro de la mansión o cuando la cámara sigue al padre que lleva a su hija en brazos desde el bosque hasta el pueblo. Resaltaría aquí varios momentos que dejan a uno sin aliento y que ponen en entredicho la “edad” de la película, pero no quiero destripársela a los que no la hayais visto.

En fin, un filme que seguro que, aunque suene a tópico, no dejará indiferente a nadie. No me extraña que fascinara a Ana, la niña de El Espíritu de la Colmena (Victor Erice, 1973). 

Mundo Quino

Dale para verlo mejor (si te apetece):

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