Sin lugar a dudas, el mejor disfraz:
Lo he cogido de aquí :
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A modo científico-pachanguero e interpretando con cierta libertad y literalidad la paremiología popularizada puede llegar a afirmarse que:
La ingesta de ave plaseriforme de la familia corvidae y género corvus alivia dolores de índole cardiaca a costa de la más violenta perdida de la visión.
Para encontrarle sentido, recordemos conocidos dichos de la sabiduría del pueblo que enlazaremos de una forma reconocidamente forzada y rebuscada:
..además…
..y como…
… se podría dar por válida la parida anterior.
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Según la Western Writers of América (“Literature of the West for the World”), Raíces profundas (1953) es el mejor western de todos los tiempos. El clásico de G. Stevens, cuyo título original es Shane, ha desbancado en esta clasificación reciente a dos iconos indiscutibles del imaginario cinematográfico de todos los tiempos: Sólo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann, 1952) y Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956). Ahí es nada.
Dejo aquí la lista con los 20 primeros puestos de un total de 100. Aquellos que quieran consultar la lista completa para saciar algún tipo de querencia pueden hacerlo pinchando aqui.
1. Shane
2. High Noon
3. The Searchers
4. Butch Cassidy and the Sundance Kid
5. Dances with Wolves
6. The Wild Bunch
7. Red River
8. Tombstone
9. The Magnificent Seven
10. Open Range
11. Treasure of the Sierra Madre
12. The Good, the Bad, and the Ugly
13. True Grit
14. The Shootist
15. Stagecoach (1939)
16. Unforgiven
17. The Man Who Shot Liberty Valance
18. The Outlaw Josey Wales
19. Ride the High Country
20. Jeremiah Johnson
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En muy rara ocasión el consumidor habitual de pornografía se detiene a pensar en cuál es el origen de este género cinematográfico, cualés son los mecanismos psicológicos que operan cuando se disfruta, y cuál es la naturaleza textual de sus imágenes. Preso de la urgencia fisiológica que le ha llevado a deleitarse con imágenes pornográficas, el interés de este espectador por las mismas se limita al posible alivio que puedan proporcionar a sus tensiones libidinales. No siendo distinto mi caso, encontré sin embargo un texto que (entre los muchos problemas que abordaba) trataba con una mínima profundidad las cuestiones anteriores, y que por su interés voy a transcribir a modo de apuntes para una reflexión sobre el cine X. El texto en cuestión es Patologías de la imagen (Anagrama, 2004), de Roman Gubern, libro que recomiendo a todo aquel interesado por una historia de la perversiones visuales asociadas ya sea al poder o a los agentes subversivos del mismo.
“Si bien se mira, el cine pornográfico fue fruto de una lógica rigurosa para la economía del deseo del espectador cinematográfico. La censura obligó a que, tras las escenas amorosas que culminaban con un beso apasionado de los actores de las películas corrientes, un fundido en negro frustrase las espectativas del espectador, cautivado por las vivencias de sus protagonistas y deseoso de ver lo que ocurría tras ese beso apasionado. De este modo se introdujo en la retórica del cine un sistema de elipsis y de metáforas para figurar el acto sexual sin que se viese, tales como olas del mar rompiendo con furia las rocas, o fuego chisporroteando en una chimenea [...] Estas omisiones censoras [...] constituían una perversión enunciativa, ya que el alto interés emocional de la escena para el público era lo que precisamente provocaba su omisión [...]
Estas omisiones pasionales, reconvertidas en elipsis o en figuras poético-censoras, creaban en realidad en el texto visual un vacío saturado de deseabilidad y de sentido, [...] que sustraía al público su objeto de deseo escópico. [...] Por eso no debe de extrañar que algún cine de La Habana, durante la dictadura “libertina” del presidente Batista, intercalase insertos pornográficos en las películas americanas tras las escenas de amor de sus protagonistas. Kenneth Anger relata haber presenciado tal manipulación en Tierra de pasión (1932), de Victor Fleming y con Clark Gable y Jean Harlow, en una proyección en el Cine Shangai.
“En contra de lo generalmente sobreentendido, el cine pornográfico es fundamentalmente un género documental [...] aunque se le añadan usualmente unos breves e irrelevantes insertos de ficción narrativa. [...] Una erección o una eyaculación no son actos de interpretación dramática, sino actos reflejos [...] Y precisamente el reproche estético principal que se ha esgrimido contra este género se halla en su contradicción flagrante entre su hiperrealismo fisiológico, pródigo en primeros planos detallistas, y su atroz falsedad psicológica, pues los personajes acostumbran a ser monigotes de carne, meros estereotipos unidimensionales desprovistos de motivaciones coherentes y convincentes. Aunque la falsedad acaba por configurar la utopía de un mundo de placer corporal inextinguible [...].
De acuerdo con su lógica exhibicionista, los dos focos de interés prioritario del cine pornográfico se hallan en los genitales en acción y en el rostro, ambos asociados en una relación de causa efecto. De manera que los genitales en acción se convierten en la causa mecánica de la expresión facial dislocada, visualización de su efecto emocional o dela vivencia suscitada por aquella acción. [...] El rostro es la parte más desprotegida del cuerpo, y por ello la más susceptible de convertirse en una superficie obscena, ya que desvela sus más íontimas vivencias, sean de dolor o de placer: a nadie le gusta que le miren a la cara cuando llora, pero tampoco cuando tiene un orgasmo, La obcenidad suprema no está en los genitales, como pretende la tradición puritana , sino en el rostro, en su condición de sede de la expresión de las emociones más íntimas, delatadas incluso conra la voluntad del sujeto. Por eso en el cine pornográfico puede afirmarse que el rostro está más desnudo y desprotegido que el cuerpo.”
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Tal vez debería empezar hablando de los clásicos, pero me apetece más en este momento dedicarle unas palabras a una nueva generación de directores que están haciendo un cine de terror la mar de interesante y que creo que merecen un reconocimiento. Son: Rob Zombie, Eli Roth, Alexandre Aja, Greg Mclean y Neil Marshall, y se les conoce como el Splat Pack. Esta denominación, como casi todas, puede que se quede corta, o que se pase. Dos ejemplos: Edgar Wright, autor de las estupendas Zombies Party y Hot Fuzz; no suele ser incluído en el grupo y es un tío muy talentoso, que supera en muchos aspectos a sus coetáneos. Los que hacen Saw y sus secuelas (Leigh Wannel, James Wan y Darren Lynn Bousman), en cambio, sí suelen entrar en el pack, pero yo no los he incluido porque no me parece que estén al nivel de los otros y porque su saga ya apesta.
Como son un buen puñado y por motivos de extensión no podré hablar de todos ellos como se merecen, haré una división e intentaré dedicarle un post a cada uno, esperando ser breve y no cansaros:
ROB ZOMBIE
Para mí, el mejor de todos. Este músico, dibujante, escritor y director de cine es un tipo con un gran talento. Su primera película fue La casa de los 1000 cadáveres, de 2003, toda una experiencia. Se trata de un film desagradable hasta decir basta, con múltiples aciertos, pero también con algunos graves fallos propios de un primerizo o de alguien que quiere impresionar a toda costa. Su película debut es estridente y excesiva, pero a mí eso me gusta. Se puede decir que Rob ha querido entrar en el mundo del cine llamando la atención, y para eso nada mejor que un puñetazo en la mesa. La película cuenta la típica historia de un grupo de chavales y chavalas que se pierden en un sitio donde es mejor no perderse y acaban en la casa de una familia de psicópatas asesinos que se las harán pasar putas. Nada especialmente novedoso, pero su tratamiento sí que lo es.
Lo más interesante de la película es el punto de vista adoptado por el director, pues se interesa más por la psicología y los impulsos asesinos de la familia que por los pobres jovencitos. Rob Zombie había dirigido antes de esta película algún que otro videoclip para su banda (White Zombie) y para otra gente, y joder, se nota. La película es muchas veces videoclipera, pero nadie puede negar que el cabrón sabe usar una cámara. Hay numerosos contratipados (efecto que da la impresión de que la película no ha sido revelada, dejándola en unos pocos colores básicos muy exaltados), cámaras lentas, distorsiones, imágenes televisivas que parecen no venir a cuento… En fin, todo un festín visual, y gore. Pero como ya he dicho, esto a veces sobrecarga la película y la hace más efectista que efectiva.
De ella me quedo sobretodo con su arranque, donde conocemos al sucio Capitán Spaulding, un viejo payaso malvado que es todo un cabronazo (el actor y su caracterización son de 10), y con su finalísimo final. En general, la ambientación de la película y la galería de tarados que nos presenta es cojonuda. Rob Zombie, con esta y con su segunda película, a la que me dedicaré más abajo, se apunta al carro de las revisiones, homenajes, guiños, etc. de esas películas de serie B de antaño en las que primaba la cantidad (de sangre) por encima de la calidad. Así, lo que logra es una cinta slasher (jóvenes vs. maníacos) en su fondo, y una mezcla de muchas otras cosas en su forma. Pero todo esto no la hace mejor de lo que realmente es: la falta de un ritmo coherente a lo largo de todo el metraje, sus muchos excesos derivados de ese estilo barroco que mencionaba y las ansias de Rob por tocar tal vez demasiados palos, la limitan bastante. Pero da igual, porque mientras haya gente con una personalidad como la de este hombre, que no tenga miedo de hacer las cosas a su manera y que no se deje llevar por los moldes que impone el cine moderno (de terror, en este caso), podremos seguir disfrutando de películas con alma, tan escasas hoy en día. Por ello, amigos, vedla y odiadme por recomendárosla, pero seguro que no os dejará indiferentes.
La siguiente película de Rob Zombie llegaría en el año 2005, bajo el título de Los Renegados del Diablo (The Devil’s Rejects en inglés). Esta es bastante mejor que la primera, o por lo menos a mí me lo parece. Creo que se trata de una película más redonda, más madura, menos crispada. Es una continuación de la primera, donde asistimos a la huida y persecución de la familia Firefly, los heroicos asesinos de la primera, por parte de un despiadado policía con sed de venganza. Este punto de partida demanda un esquema más propio del western o del thriller que del terror puro, y eso es justamente lo que hace su director. Así, Rob Zombie rinde tributo con esta película a todo ese cine norteamericano de los 70 que innovó tantísimo en su momento e inundó el séptimo arte de propuestas refrescantes y novedosas. De esta forma, el reflejo de directores como Peckinpah o Leone se encuentra presente en la película desde la misma fotografía desértica hasta esos zooms, pantallas partidas y demás chulerías visuales.
Sigue siendo una película bastante cruel, e incluso yo diría que más retorcida por ser una obra menos dada a la fantasía que la primera, lo que muchas veces nos trae a la mente aquel maldito pensamiento de: “esto me puede pasar a mí”. Los parajes de Texas y su aire fronterizo, de los que tanto se han alimentado y se alimentan las películas, albergan una vez más a una grupo de personajes que se mueven entre cactus y serpientes, llenos de polvo hasta las cejas, y que intentan escapar de la arena manchada de sangre en un chevy descapotable. Mención especial merece el sádico policía que persigue a los todavía más sádicos asesinos. Lo interpreta William Forsythe, el típico actor solvente que sale en muchas pelis pero que nunca sabes cómo se llama. Su interpretación es dura y áspera, como los parajes en los que se desenvuelve. También es admirable el épico final de la película, del que no diré nada más que esto: los “héroes” de la tragedia se enfrentan a su destino de una manera impactante y sobrecogedora.
En el 2007 aparece Halloween: el origen, donde Rob Zombie se vuelve a adentrar en el terreno de lo siniestro y lo macabro, pero esta vez siguiendo el camino marcado por uno de los grandes, John Carpenter. Allá por 1978, el bueno de John se desmarcó con una película puramente slasher que atemorizó a todas las babysitters rubias que esperaban a que los niños se durmieran para arrelingarse a sus macarras de instituto favoritos. Michael Myers era el hombre enajenado que mataba por amor al arte, en silencio, sin prisas, conocedor de su potencia infinita. Podías correr y él no, pero sabías que te alcanzaría. Tal vez lo que más perdure de esta película, además de su afable y cálido protagonista, sea la banda sonora. El tema principal lo podemos encontrar de nuevo en el remake de Rob Zombie, y se agradece porque está muy chulo.
La película de Zombie es básicamente un compendio entre remake y precuela, o sea, una “remuela”. Se nos muestra a un Mike Myers chiquetito, muy puteado por todos pero muy cabronazo también. Vamos, que lo mismo navajea a una rata que mata a palos a un compañero de clase. Luego el bicho crece y ya es un no parar. Juro por Dios que cada 5 minutos aproximadamente muere alguien en esta puñetera película, más salvaje que la original, pero también más excesiva y algo menos inquietante. Mientras que en la primera te preguntabas cuándo atacaría de nuevo el amable Mike, en esta te preguntas cuándo dejará de hacerlo.
Los actores son en algunos casos caras comunes en el cine de Rob Zombie, como su estupenda mujer Sheri Moon Zombie, el inquietante Sid Haigh o el hijoputa de William Forsythe. El papel del doctor Loomis lo hace en este caso Malcom Mcdoweld, que a su edad todavía sigue intentando sacarse de encima su papel de Alex en La Naranja Mecánica, y que deambula últimamente por telefilmes y películas épicas de usar y tirar, a la par que sale en Héroes y en alguna que otra cosa más.
Halloween: el origen es hasta la fecha la última película de Rob Zombie, que no se ha cruzado de brazos y ya prepara la que será su nueva producción: Tyrannosaurus Rex, de la que no se sabe mucho pero sobre la que me iré informando. Parece que se trata de la adpatción de un cómic suyo, pero queda la duda de si será una película animada o no. Ya veremos… y la veremos, ¡porque Rob es mucho Rob!
Ea, me voy. Después de daros la brasa durante un rato con este tío, os dejo solamente un vídeo de un falso trailer suyo que hizo para Grindhouse, el proyecto de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. En EE.UU. se exhibía junto a otros falsos trailers (muy chulos todos ellos) entre la película de uno y de otro. Se llama Werewolf women of the SS (Mujeres-lobo de las SS) y ahí va:
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Los personajes que se muestran a continuación tienen algo en común:
Ese “algo” en común también se encuentra en otros como George Bernard Shaw, Gracie Allen,Vivian Vance, Erskine Hawkins, Marjorie Lord, Jason Robards, Jr., Louie Bellson, James Best, Bobby Hebb, Dobie Gray, Kiel Martin, Helen Mirren, Roger Taylor, Susan George, Dorothy Hamill, Kevin Spacey, Sandra Bullock, Jennifer Ashe, Kate Beckinsale,…
Os daré una pista; pinchad en la siguiente foto para verla mejor:
40 años ya, si es que está hecho un chaval. Teniendo en cuenta que ha sido sacado de cierto periódico de actualidad, puede decirse que aparenta muchos menos (20 o 30 como mucho).
Conclusión: ver el comentario de mario (o el comentmario)
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